Trece
24 de agosto... son ya trece años desde la partida de mi amada hijita Pamela. Y aunque mucho se ha dicho sobre la pérdida de un hijo, lo cierto es que la vida continúa, aunque uno queda detenido en el tiempo, el resto de la humanidad sigue avanzando y sin darte cuenta éstos te arrastran
Mi Pami era una jovencita tan de avanzada, creo vivió adelantándose a su época. Recuerdo esos pantalones «cargo», que hoy son tan usados por las jóvenes, y que ella usaba y que por usarlos era cuestionada, frente a una moda estereotipada, aunque la verdad en el fondo había una mezquina envidia y algunas actuaban, al igual que la fábula del zorro y las uvas.
Hoy todavia hay dolor y tristeza, pero con la esperanza de que la volveré a ver. Mi vida, cada acto de mi vida está dedicado a ella, siempre tengo al frente su linda carita sonriente, porque mi hija era muy tierna con nosotros sus papás.
Recuerdo que cuando se molestaba de vez en cuando conmigo, me llamaba solemnemente «madre» y no mami o ñañita como solia decirme cariñosamente.
Así te recuerdo hijita, siempre sonriente, siempre valiente, siempre amorosa.
Sigo escuchando la música que escuchabas y que son tu legado para mi corazón. Aún mantengo alguna comunicación con tus amigos del colegio y la universidad.
Quiero decirte hijita que te amo. Que aunque pasen los años, siempre te amaré.
Mentiría si dijera que ya no la lloro, la extraño mucho y es entonces cuando veo sus fotos y cuido sus cosas y la siento tan cerca...
Mi Pamelita, siempre tierna, eternamente joven, eternamente amada.
Con inmenso amor
Mami
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